El maestro vió al aprendiz de guerrero recién llegado y le preguntó:
- "¿Qué esperas de un maestro?"
El aprendiz respondió:
- "Espero su luz, que me ilumine".
El maestro sonrío y le dijo:
- "Pues haz venido al lugar equivocado"
- "No puede ser" replicó el parendiz. -"Si usted es considerado entre los sabios de la comarca como el más iluminado. O, ¿es que no quiere compartir conmigo su luz?"
El maestro respondió:
- "La gente desea ser iluminada, sin embargo, los maestros lo único que hacemos es servir de espejo. Así las personas a nuestro alrededor pueden descubrir su luz interior e iluminarse a si mismos y a la vez convertirse en espejos para los demás."
..........
Muchas veces buscamos fuera las respuestas que solo nuestro corazón y nuestra sabiduría interna pueden responder. Otras veces responsabilizamos a los demás de nuestro sufrimiento, cuando está en nosotros dejar de sufrir. Porque aunque nuestra pareja, nuestros padres o nuestros hijos nos acompañan en el camino de la vida, los único responsables de nuestra felicidad somos nosotros mismos. Y es compartiendo nuestra luz que somos espejos, porque todo ser humano sin excepción es un ser de luz.
Todos tenemos un maestro y un guerrero en nuestro interior que nos sirven de guía en el camino de la vida. El maestro no es otra cosa que nuestra sabiduria interna heredada de nuestros ancestros. El guerrero es nuestro deseo de luchar por aquello que necesitamos alcanzar para crecer como personas. El diálogo entre el maestro y el guerrero es necesario para completar la gesta más dificil de la vida: aprender a vivir en el aquí y en el ahora, y tal y comos somos.
viernes, 6 de mayo de 2011
El díscipulo recién llegado
Etiquetas:
El maestro y el discípulo,
reflexiones breves
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