Querido Láak’iich:
Hay días que comienzan con noticias que nos descolocan y en los que parece que el futuro se desmorona a pedazos. Es en esos días en que si nuestra sabiduría nos aconseja y el universo lo permite, recibimos las cosas más maravillosas e inesperadas.
Es en esos días en que nos toca enfundarnos la armadura y tomar la armas en las que hemos trabajado durante largo tiempo. Es el momento de ir a batalla con nada más que nosotros mismos y la certidumbre de la confianza en que estamos preparados.
Y es en el momento en que nos plantamos en el campo de batalla que todo temor desaparece, y manejamos nuestras armas con habilidad de los grandes guerreros. Y entonces aparece el maestro guerrero y recibimos su bendición para enfrentar todo aquello que se nos presente en la lucha que se avecina.
Y al inciar la batalla nos sentimos transformados; hemos dejado de ser aprendices para convertirnos en guerreros.
Gracias Taatáa ka'nsah (Papa Maestro) por tu bendición
Láak’fayo
Todos tenemos un maestro y un guerrero en nuestro interior que nos sirven de guía en el camino de la vida. El maestro no es otra cosa que nuestra sabiduria interna heredada de nuestros ancestros. El guerrero es nuestro deseo de luchar por aquello que necesitamos alcanzar para crecer como personas. El diálogo entre el maestro y el guerrero es necesario para completar la gesta más dificil de la vida: aprender a vivir en el aquí y en el ahora, y tal y comos somos.
viernes, 13 de julio de 2012
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